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Doctor, me tiemblan las manos, ¿Tengo una enfermedad de Parkinson?

Es frecuente que a partir de cierta edad aparezca temblor en las manos y es igualmente frecuente que esa persona consulte al médico neurólogo por temor a que se deba a una enfermedad de Parkinson.

Sin embargo, no suele ser así, porque es mucho más frecuente que se trate de un “Temblor esencial”, también llamado temblor benigno, ya que en este proceso no aparecen los otros síntomas que caracterizan a la enfermedad de Parkinson (rigidez, lentitud, alteraciones de la marcha, etc.) y que son los más incapacitantes.

El “Temblor esencial”, una de las enfermedades neurológicas más frecuentes, afecta al 4% de los adultos de edad igual o superior a los 40 años, lo que supone duplicar la frecuencia de la enfermedad de Parkinson. La enfermedad suele ser familiar y se transmite de padres a hijos (transmisión autosómica dominante).

Cómo se manifiesta clínicamente.

El dato clínico esencial de esta enfermedad es un temblor que suele comenzar por ambas manos simétricamente. Se hace evidente durante el mantenimiento de una postura, como por ejemplo, cuando se sostiene un vaso de agua, se lleva la cuchara a la boca, se sostiene una bandeja, al coser y al escribir.
El hecho de que aparezca con la actitud lo diferencia claramente del temblor parkinsoniano, que bien al contrario se presenta cuando ese miembro está en reposo, relajado, como sucede, por ejemplo, cuando se apoya el brazo mientras se ve la TV, o si se está en la cama, despierto, descansando; el temblor parkinsoniano desaparece cuando se realiza algún movimiento o se mantiene una postura.
La noción fundamental es que el temblor constituye la esencia de la enfermedad cuando se trata de un temblor esencial, mientras que en la enfermedad de Parkinson son muchos más importantes otras manifestaciones que, como la rigidez, la lentitud o la pérdida de la estabilidad resultan mucho más incapacitantes. Finalmente, el “Temblor esencial” no acorta la vida.

Cómo se diagnostica la enfermedad.

En general, el diagnóstico del “Temblor esencial” es sencillo debido a que sus características clínicas se reconocen con facilidad.
Los enfermos refieren que le tiemblan las manos cuando escriben, sostienen un vaso de agua, llevan una bandeja, utilizan la cuchara, cosen o escriben. Durante el curso de la enfermedad se pueden afectar otras partes del cuerpo, sobre todo la cabeza.
La frecuencia (rapidez del movimiento) de este temblor suele ser rápida y la intensidad (amplitud del desplazamiento) es leve. Si a ello se añade que no pocas veces hay una historia familiar de temblor, se comprende que el diagnóstico sea sencillo y no haya que hacer estudios complementarios complejos en la mayoría de las ocasiones.

No obstante, en algunas ocasiones pueden existir dificultades diagnósticas. Si, a pesar de tofo, en algún paciente existen dudas respecto a si se trata de un temblor parkinsoniano, hoy se dispone del DAT-Scan, prueba que es positiva en la enfermedad de Parkinson y negativa en el “Temblor esencial”.

También es importante saber que determinadas medicaciones pueden provocar un tipo de temblor similar al esencial como sucede con el carbonato de litio (utilizado en psiquiatría), el ácido valproico (un medicamento antiepiléptico), la amiodarona (empleada en cardiología), etc. El hipertiroidismo o la ansiedad pueden provocar un temblor parecido. Solo excepcionalmente hay que recurrir a estudios de imagen (TAC craneal Resonancia magnética cerebral) para descartar otras enfermedades.

Cómo se trata.

El “Temblor esencial” no tiene un tratamiento curativo en sentido estricto, pero numerosos procedimientos pueden mejorarlo o hacerlo desaparecer.

Puesto que no hay un tratamiento curativo y ya que la intensidad del temblor suele ser leve (es decir, no suele ser incapacitante), en gran parte de las ocasiones no merece la pena tratarlo, excepto si se plantean cuestiones estéticas (personas que no soportan que las vean temblar) o el temblor es incompatible, por pequeño que fuere, con la profesión del paciente.

En un pequeño porcentaje de enfermos el temblor cursa progresivamente y llega a causar dificultades para que la persona desarrolle las actividades cotidianas arriba dichas. En esta situación es necesario introducir un tratamiento farmacológico, que suele consistir en betabloqueantes o ciertos antiepilépticos que también son antitremóricos, que también pueden disminuir o anular el temblor.

Es muy infrecuente la amplitud del temblor aumente hasta el punto de incapacitar a la persona. En estos casos, cuando el temblor no responde al tratamiento farmacológico, se pueden utilizar procedimientos quirúrgicos que lesionan o inactivan la zona del cerebro responsable del temblor.

Clásicamente se ha venido utilizando la estimulación cerebral profunda, una técnica que consiste en la introducción de un electrodo en el correspondiente núcleo cerebral que es estimulado mediante unas baterías que lleva el paciente bajo la piel, de forma similar a lo que sucede con los marcapasos cardíacos.

No obstante, hoy se están introduciendo nuevas técnicas, como la lesión de la zona cerebral en cuestión mediante el bisturí de rayos gamma o con ultrasonidos focalizados, técnicas que son algo menos efectivas, pero que tienen muchas menos contraindicaciones porque no es necesario penetrar el cráneo, algo importante para pacientes de edad avanzada, que suelen padecer otras patologías (especialmente cardiopatías) añadidas al temblor.

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